PERSEGUIDO
El conejo me persigue por las plazas y lleva los dientes afilados, parece una rata pero es un conejo.
Todo el mundo dice que es un conejo, pero éste no come zanahorias, come pizza.
El conejo se ha parado a contemplar el paisaje disimulando, no sé que quiere de mí el conejo.
El
conejo busca algo, se ha puesto a correr nervioso y se ha colado en una
propiedad privada, pero siempre tiene sus ojos en mi espalda.
El dueño de la casa le ha gritado: Rata de mierda, vete a tomar por culo.
Sin saber apenas que es un dulce conejo.
Y el conejo levanta la cola y se queda tan feliz como el que nada.
Seguramente está pensando en su conejita porque tiene la mirada alegre y vuelve a enseñar sus dientecitos y mueve su colita.
Yo sé que es un conejito tranquilo, pero no sé porque me persigue.
Ahora el conejo, tranquilamente levanta su colita y defeca al lado de un parque infantil.
Pasa
una viejecita extranjera con el bastón y resbala trágicamente perdiendo
su vida, y el conejo se entristece, pero no deja de perseguirme.
Se
ve que el dueño de la propiedad privada es el hijo de la vieja
accidentada, y el conejito se hace el simpático sin pedir perdón.
Toda
la plaza llena de gente, en plena manifestación, con pancartas: FUERA
RATAS DE MIERDA, y el conejo ensombrecido se esconde detrás de un
contenedor de basura con la mirada atenta a lo que hago.
No sé si detenerme y decidirme a hablar con un conejo tan accidentado pero tan bueno.
Me
doy cuenta al cabo de unas horas, que ya toda la ciudad persigue al
conejito para matarlo, están hasta los huevos de los conejitos que matan
a viejas en las plazas defecando con ganas.
La gente en su ignorancia cree que son ratas y que no tienen sentimientos, ni saben defecar en su sitio y con amor.
Me decido a hablar con él y dirijo mi paso con mi mirada dudosa mientras él cierra los ojos descansando un momento.
Es en ese instante cuando lo pillan. Lo ha cogido el hijo de la vieja creyendo que es una rata y lo ha degollado cruelmente.
Pero ésto no quedará así.
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