lunes, 29 de agosto de 2016

LA FORMA DEL REGRESO

Aniquilándome entre podredumbres de autómatas
golpeando a los cadáveres con el gesto, el recuerdo del suceder
impreciso de la vida, ya hace tanto
Pasaban las estaciones, y caía la llovizna entre el cielo rojo
sobre nosotros
Como si yo mismo estuviera cayendo difuso, tembloroso,
Por tu cara embelesada, y el movimiento fuera
el de la hoja ligera o el del arcángel humilde y dulce
Sobre el abismo. Así nos conocimos. ¿Hubieras podido responder a mis preguntas ilógicas?

Tú hubieras comprendido a un vagabundo. Pero yo gritaba como un enfermo.
¿Dónde estaban los cuarzos en los que me apropiaba de la unidad? No te encontraba.Eran relojes. Así paseábamos juntos, hasta que llegaron las cicatrices y la lluvia y después
el rocío. Y mi propia muerte tan presente. La decadencia.

Y después aparecían los síntomas de la irrealidad en que me veía sumido,
Pero aún me quedaban palabras para no tener que pensar en lo patólogico
De mi estado, constantemente,
Para amanecer un día cualquiera escribiendo tu nombre con la forma de la desnudez
Así escribía siempre para ti. Esas eran las letras, la transcripción del lápiz clavado en mis entrañas,
y siempre que comía, comía sólo.

Por las noches tu presencia y tu tacto eran arrebatadores, en mi soledad
Y los colores del cielo aún permanecían como si el mismo
Infinito fuera más lírico que la propia realidad, y así, en el infierno,
Cuando tuve que autoreferenciarme apenas me dolió
Tan solo la nostalgia de no encontrarte a mi lado y el propio malestar de pertenecer a un estado de cosas,
tanto como
Si no hubiera nada delicado en mi vida, solo nombrarte por la noche y perder
la vida en nuestras artes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario