martes, 30 de agosto de 2016


INTROVERTIR EL LENGUAJE INTERIOR

Hay momentos en los que pienso y me vuelvo avaricioso,
deseando legitimidad para pensar, que me lo permitan en instituciones
y tener soberanía de pensamiento para liberarme de los monstruos de la acción,
o poder ser yo.

Y vuelvo a lo obsoleto de la memoria.
Porque sé que la justificación intelectual de la acción
es inaprensible en un mundo introspectivo.

Es entonces cuando en mi hilaridad pensativa
deseo con fuerzas y mi pensamiento se disipa
como una nube
hasta que pensando ilegítimamente,
ya que nunca un pensamiento libre iniciará su proceso con el consentimiento sociocultural,
logro focalizarlo en un gesto.

Y ese gesto es un gesto de persona, femenino,
un gesto que hace de síntesis poetica de mis problemas y circunstancias irregulares,
engañándome y creyéndolo altruista
y sin rastros de voluntad de poder,
como una sonrisa que comprende ante un monologo decadente.

Pero aunque no lo sepa, creo en el receptor y en el emisor
más que en el mensaje,
después de interpretar el proceso sin llegar a acuerdo,
ya que el diálogo es infinito y el terreno ilegible.

Pero creo,
volviendo ese gesto totalmente eterno,
cambiando pensamiento y acción,
por tranquilidad y descanso.

Un trueque cotidiano
en cualquier tipo de economía.
Y si logra su fin apaciguador, deduzco que ese gesto es el amor.

Pero quiero más. Y todo se confunde en transgresiones de todo tipo
con forma de libertad y culpa, (dentro de ese cerebro de circuitos y neuronas),
inequívocamente asociadas.

Porque el deseo está en los extremos,
y la idea utópica de libertad
como toda idea utópica va asociada a algo real
como la culpa y la desesperación.

La acción es una acción con dientes de alfiler.
La acción tiene límites y es en los límites de la acción,
es decir, el sistema de valores aceptados o desechados,
donde se encuentra la redención.

Pero no sabes mucho de un estado defensivo
donde también existe tu acción. El placer siempre llega con problemas.
El placer es en sí un problema.
El problema es el arquetipo del placer.
Realmente el arquetipo del placer no da placer.
El arquetipo del placer da asco y te vuelve vulnerable, imposibilitado,
porque sabes que el arquetipo es un deber que viene de otros
y tú no quieres obedecer más.

Pero el amor reclama procesos de respeto
y el respeto llama con violencia a los arquetipos.
Entonces tu sistema de valores se recalifica, ordena y llega tu mentira.
Nunca más el placer será placer y  hablarás de emociones y sorpresas dispersas,
desconectadas e insuficientes para hablar.
Realmente te sorprenderás a ti mismo disfrutando sin saber porqué,
y entre el placer y la acción se producirá un hiato llamado intimidad
y te aburrirás de ti mismo ante tu desnudez.

Pero eso da igual, porque todo da igual para quien tiene problemas,
porque cree en algo ridículo en una cultura nihilista,
ya que ninguna de sus ideas y placeres diversos se justifican
porque son solo iconos, publicidad y arquetipos inútiles.

Entonces te das cuenta
que la acción nunca se justifica, ni en el mundo, ni en la historia.
Es coyuntural en parte, y la parte que queda,
la has añadido tú con violencia, desasosiego en los otros.

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