miércoles, 11 de febrero de 2015
JARDIN ONIRICO
Los árboles descansan, y normalmente a las seis de la mañana los niños aún están soñando su futuro y imaginando grandes pasteles y princesas. Hay un rincón perdido y un banco donde habitan seres maravillosos, donde regularmente no pasea una niña de cinco años contemplando las flores del jardín. Ese día, si observas con atención, te encuentras unos ojos azules descansando su mirada dulcisima entre la maleza del banco. Mágicamente hay alguien allí y parece un niño no se sabe de donde ha salido. El jardín empieza a agitarse. Cruzan su imaginario y la niña exclama sin poder evitarlo: ¡Que polla más grande! Es entonces cuando empiezan a jugar con los caracoles del suelo lentamente hasta que sus manos tiemblan. Pasa un viejo verde y sin querer tropieza con cinco o seis y yacen muertos allí. Nace una nueva historia de amor. Parece que el niño se ha dormido, pero no es así. La niña le pregunta: ¿Te enseño el coño?, pero ese crío aún es inocente y le comunica: Seguro que no me lo dejarás ver y me estás engañando. Si quieres, pensemos en el futuro. Las preguntas empiezan a descansar. ¿Qué haces aquí? Estoy por ti. ¿Quién soy yo? Y en ese momento aparece el pederasta por el parque. La niña le dice: No lo mates, por favor. El niño responde: Vale, vamos a follar. ¿Sabes, que tendrás que imaginar, no? Sí, es mejor hablarlo. La oscuridad balbucea: fija tu mirada en una flor, de espaldas a mí. ¡Qué niña más bella! Me pregunto qué es lo que veo. Y le injiere la luz: ¿Verdad, verdad, verdad qué lo sabes? Y se da cuenta que nunca en su mísera existencia ha escuchado un sí más dulce. Nunca hubiera podido soñar un terremoto así, está contento de ser niño con estas casualidades. Están en el momento presente por una vez en su vida. Gira un poco la cabeza agitando su pelo rubio, y casi sin moverse, le jadea: ¿Has visto el cactus de allí? Casi ni pueden hablar, de lo felices que son. Mira el cielo, ese niño oscuro, forzando todos los ojos y piensa: "Allí está Dios" y todo le parece de agua cristalina, no puede pensar en sus padres de siete años. En ese instante se despiertan cada uno en su cama, y se dan cuenta de la trascendencia del sueño que les acompañará toda la vida, hasta la muerte...
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